En los mejores campamentos de verano los niños tienen la oportunidad de convertirse en las personas que realmente quieren ser

Un entorno y comida diferente, una rutina diaria distinta, nueva gente alrededor con quien compartir el dormitorio etc… Esto es lo que los niños reciben en un primer momento en un campamento de verano. Algunos se adaptan rápido, otros necesitan un par de días. Ya en esta primera etapa entra la dinámica de un campamento. Los líderes que tienen la capacidad de integrarse de inmediato en un entorno nuevo reinan los primeros días. Así dan a los menos atrevidos y más tímidos la oportunidad para adaptarse siguiendo al grupo siempre en un segundo plano.

Conforme pasa el tiempo, los participantes que necesitaban tiempo para adaptarse ganan confianza, se despiertan y encuentran su propio espacio. Empiezan a desvelar su personalidad y ser ellos/as mismos/as.

Es el momento en que un campamento realmente comienza. Viviendo bajo el mismo techo con jóvenes de la misma edad, divirtiéndose juntos, respetándose mutuamente aunque uno es extrovertido, el otro más intelectual y un tercero un crack en el deporte.

La interacción entre todos estos caracteres diferentes hace que un campamento de verano se convierta en una experiencia exitosa.

¿Cuál es el motivo principal por el cual jóvenes tan diferente disfrutan juntos de unas vacaciones de verano?

Es cierto que cada persona es un mundo. Cada participante tiene una historia propia pero las amistades se pueden profundizar practicando deporte juntos, teniendo el mismo estilo de vida activa o disfrutando de la naturaleza.

Sea como sea su carácter los jóvenes pueden aprender mutuamente, pueden superar sus propios límites y descubrir intereses que ni siquiera ellos/as sabían que los tenían. Todo esto garantiza finalmente que todos se diviertan y vivan felices en comunidad.

Todo esto transcurre bajo los atentos ojos de los monitores y con su apoyo positivo. Para los adolescentes ellos son hermanos mayores y amigos. Los monitores están para ayudarles a crecer, a aprender y para que salgan del campamento con unos recuerdos que les duren toda la vida.

Y quién mejor que unos padres para describir la transformación de su hijo/a durante el campamento. Lenguaventura cita un comentario de una madre:

“Mi hijo estuvo en el campamento de verano en 2006 y todavía hoy goza del español y se mantiene en contacto con otros estudiantes que conoció allí. Acaba de graduarse en la universidad con honores de primera clase después de 4 años, uno de los cuales lo pasó en Estados Unidos. Le sigue gustando mucho viajar y conocer a gente nueva, algo que empezó con su viaje a Tarifa, con Lenguaventura. Espero que vuestra escuela de verano continúe funcionando muchos años más”.