Lecciones vitales que podemos aprender de los adolescentes

Ahora es el momento cuando empieza la cuenta atrás para el comienzo del campamento de verano para adolescentes en Tarifa. Muchos pensamientos vienen a la mente. Pronto volveremos a pasar un mes muy intenso con los jóvenes y aprenderemos mutuamente nuevas cosas.

Ser adolescente es un trabajo duro. La gente les considera muy a menudo irritantes, irresponsables y con una relación extraña con su teléfono. Pues sí, son todo eso, pero luego también hay mucho más detrás de estos tópicos. Si se mira más allá de su gusto musical extraño y de relaciones problemáticas, hay que admitir que se pueden aprender varias lecciones de este sector tan incomprendido. Aquí citamos algunas:

Estar confundido y sentirse inseguro. Es a primera vista el privilegio de los jóvenes, pero en realidad no hay nada malo en sentirse así de vez en cuando, incluso en la vida adulta.

Soñar en grande. La mejor parte de los años de la adolescencia es que no hay ningún límite que restrinja los sueños. La capacidad de soñar en grande y realmente creer en tus sueños es algo que los adultos deberían continuar y mantener.

Salir con amigos. Todos recordamos estos tiempos alegres en años posteriores. Luego en la vida la responsabilidad, la familia y el trabajo no nos dejan a menudo pasar tiempo con nuestros amigos porque nuestra mala conciencia nos impide dejar un espacio libre para ellos. Rodearse de amigos (al menos de vez en cuando) no es un privilegio exclusivo de jóvenes.

Ser apasionado. La juventud tiene esta convicción de que todo sale bien y que es divertido. En la edad adulta no deberíamos perder esta pasión. Si ha desaparecido completamente significa que algo va realmente mal.

Sigue tu corazón. A un adolescente no le importa realmente si algo es práctico o no. Si al final no lo es, las consecuencias se asumen, al fin y al cabo hicieron lo que su corazón les decía. Habrá que mantener de vez en cuando esta actitud como adulto. No hay nada malo en ser un adulto y hacer primero lo que dice el corazón y pensar en las consecuencias después.

Los adultos se sienten a menudo molestos por los adolescentes porque ellos hacen caso omiso de lo dicho y hacen lo que les entra en la cabeza. Los adultos deberían hacer lo mismo de vez en cuando. Salir de su zona de confort que han ido edificando durante años y hacer lo que uno ha soñado durante mucho tiempo, por supuesto sin herir o faltar el respeto a los demás.

Trabajar duro, jugar duro. La adolescencia no tiene el menor problema en vivir esta filosofía. La energía reina en la juventud, algo que se pierde con la edad por el estrés de la vida cotidiana. Cada persona adulta tiene el derecho de tener sus momentos vagos y a veces malgastar su tiempo sin sentir culpabilidad.

Hacer cosas nuevas: Ir a un lugar desconocido, permanecer despierto toda la noche leyendo ese libro, conocer gente nueva. Admitir nuevas experiencias inesperadas. Ciertamente es un valor añadido a la vida adulta de cada persona.